90. Doble faena

Belianís

 

Aquel día me levanté con doble faena: recoger las aceitunas de un pequeño olivar familiar abandonado y matar a mi vecino. Para calmar a los lectores sensibles, aclaro que los árboles están en un empinado cerro de difícil acceso. En cuanto al vecino, me rogó que acortara su desgraciada vida y yo, dado mi carácter humanitario, jamás niego un favor. El caso es que, como soy de naturaleza perezosa, quise matar dos pájaros de un tiro, con perdón, y unifiqué ambas tareas. Accedió a la propuesta de subir al bancal, colaborar con la recolección y, al terminar, devolverle el gesto arrojándolo por un precipicio. Los buitres darían buena cuenta de él, detalle ecologista que aplaudió. El problema fue que la cosecha superó las expectativas y necesité su ayuda para bajar los sacos; sin embargo, después se negó a volver a subir alegando cansancio y miedo a sufrir un doloroso infarto. Como solución, sugirió regresar en unas semanas para podar los olivos entre los dos, con la condición de que no le pidiese bajar leña, y cumplir finalmente mi promesa. En principio estuve de acuerdo, aunque tengo entendido que luego siguen otras tareas. Ya se irá viendo.

 

 

 

 

 

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