88. Lo que permanece

Adrián Perna Loncán

 

Cuando murió mi abuelo no entendí por qué a mí me dejó un pequeño olivar de secano y a mi prima la casa del pueblo.

En uno de aquellos árboles sobrevive un manantial. Escondido bajo tierra mana por un viejo grifo en el tronco. Apenas un hilo de agua en mitad de la aridez.

Vuelvo siempre que puedo. Ahora con mi hijo, igual que antes con mi padre. Cuidamos los olivos en silencio; cada invierno repetimos el viejo rito de varear y moler la aceituna. Ellos continúan dándonos su aceite.

Del olivo sigue brotando agua. La casa ya no existe.

 

 

 

 

 

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