72. Olivo de tronco recio, milenario

Micaela

 

Bajo un olivo de tronco recio, milenario, de piel añosa y tacto áspero, le cuenta como irá la recogida del fruto ese invierno y él se queda callado escuchando sin decir nada. Le cuenta cómo las pocas lluvias afectarán al fruto, cómo esos olivos de tronco recio llegaron hasta allí y cómo se conservan año tras año. Él, a su lado, asiente sin decir ni una palabra y continúa oyendo. Le explica, cómo, con sus manos, ha quitado las sierpes,  ha recogido las piedras de su faldas y las ha limpiado preparándolas para el fruto que caiga. Continúa en silencio y de pronto empieza a alejarse, se va corriendo en busca de su pelota a la que le ha dado una patada para seguir corriendo. El abuelo le mira fijamente y desea que sea él el que siga cuidando de esos árboles, perennes y puros como el amor hacia un nieto.

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