69. Fenómeno óptico

PeQue

 

Conducía por “Las Quebrás” disfrutando la imagen sublime que llevaba de frente: miles de olivos custodiando el valle del Guadalquivir y Sierra Mágina marcando la línea del horizonte. Comenzaba a caer el sol y su intensa luz anaranjada me deslumbraba, reduje la velocidad y pensé como Pedro en la Transfiguración: hagamos una tienda, establezcámonos aquí y gocemos de esta hermosura.

Imbuida en este pensamiento, noté una extraña sensación que no acertaba a diferenciar entre fenómeno óptico o mareo. Frené, me aparté de la carretera y paré el coche. Estaba temblorosa y sorprendida. Me había invadido la sensación de que circulaba por la arena de la playa y estaba a punto de ser ingerida por el mar. Me presioné los ojos y comencé a ser consciente de lo que ocurría. Una fuerte ráfaga de viento estaba meciendo los olivares y hacía que las ramas se agitasen plácida y alegremente como las aguas del mar. Un mar plateado y en movimiento que me envolvía.

Al fondo, las ruinas de una cortijada emergían cual pequeño velero que navegaba sin rumbo entre las aguas de este inigualable mar de olivos, seña de identidad de nuestra tierra.

Aquí escribiría Machado: Campo, campo, campo…

[ssba-buttons]
MásQueCuentos
Resumen de privacidad

Usamos cookies en nuestra página web para ver cómo interactúas con ella. Al aceptarlas, estás de acuerdo con nuestro uso de dichas cookies. Ver políticas de privacidad