64. Aceites de posguerra

Alfonso Cantador Alias

 

La luna bañaba de plata los olivares de Sierra Morena cuando Julio guiaba una recua de mulas cargadas de aceituna por senderos cordobeses. Había sobrevivido a la guerra y ahora afrontaba una posguerra aún más dura. El hambre y la escasez obligaban a buscar cualquier forma de sustento.

El olivar de sierra procuraba riqueza. De sus frutos nacía un aceite preciado que muchas familias utilizaban para sobrevivir. Por eso, al amparo de la noche, la aceituna llegaba a pequeños molinos clandestinos donde se molturaba lejos de la vigilancia de las autoridades. Después, Julio recorría cortijos y ventas vendiendo el aceite o cambiándolo por alimentos.

Durante meses logró llevar algo de comida a casa, hasta que una madrugada todo cambió. Una redada lo descubrió y Julio fue detenido. Acusado de participar en aquel comercio ilegal, pasó varios años en prisión, recordando desde su celda el aroma de los olivos y el sonido de los cencerros en los caminos serranos.

Cuando recuperó la libertad, regresó a su tierra. Los viejos olivos seguían allí, firmes frente al tiempo. Al contemplarlos, Julio sonrió. Había perdido algunos años de su vida, pero no la esperanza y, como aquellos árboles, estaba dispuesto a empezar de nuevo.

 

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