62. Te acabas de ir

Decuadros

 

¿Recuerdas, hermano, cómo disfrutabas, cuando éramos chicos, asustándome cada noche al acostarnos? Dormíamos juntos y me contabas historias del campo en las que los olivos cobraban vida y se convertían en gigantes con miles de brazos.

Cuando me llevabas al límite del miedo, entonces te compadecías, me abrazabas y me dormía tembloroso en tu abrazo porque sabía que tú, el hermano valiente, no dejarías que esos gigantes monstruosos me hicieran daño.

Así crecimos, tú por delante de mí, con el olivar omnipresente en nuestras vidas.

Ahora ya no estás. Te acabas de ir y paseas desde anoche por entre los surcos de la mar verde aceituna de nuestro olivar, al que tanto amabas.

Mañana llevaremos al pueblo tus cenizas para dejarlas reposar donde siempre quisiste, junto a las de nuestros antepasados, rodeados de olivos generosos.

Ahora me tocará a mí acunarte entre mis brazos durante el viaje. Y, cuando lleguemos, antes de dejarte dormir eternamente, te llevaré de paseo por la finca, sí, esa, la de los olivos que tú convertías en gigantes en nuestras noches infantiles.

Pero no te preocupes. Ahora me haré el valiente. Hablaré con ellos para que sean buenos.

Espérame mientras descansas.

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