44. La sombra del olivo

I.M.M

 

Tras una ardua y larga jornada bajo el sol en el olivar, enfaenado con desgana en las tareas de varearlos, donde rezaba para mis adentros, «dios cuando terminaré con todos estos malditos olivos», exhausto y rendido acabé echándome una siesta bajo la sombra de un viejo olivo. Y soñé que dios venía a verme y sentándose junto a mí en la sombra de aquel árbol y mientras levantaba la cabeza mirando hacia arriba en dirección a sus ramas me dijo:

-Trata al olivo como si fuera tu propio hermano, pues posee cuarenta y seis cromosomas al igual que vosotros los humanos, por eso recuerda que debes respetarlo y tratarlo con cuidado, pues no deja de ser vuestro semejante.

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