420. La última savia

Entreletras

 

Mis olivos parecían muertos tras dos años de abandono, pero estaban vivos. Este verano regresé a la finca para protegerlos. Los podé, eliminando los chupones, y abrí sus copas en estrellas de tres puntas para devolverles la luz.

Al palpar sus troncos agrietados, sentí el eco de mis abuelos, que durante siglos los plantaron y recolectaron en este mar verde. La savia volvió a correr y las aceitunas cobraron calibre.

Entonces se hundió en la tierra la garra de una pala. Firmé el papel por miedo a la expropiación y rompí a llorar al ver el primer olivo arrancado de raíz.

Dicen que es progreso.

Consumado el desastre, se acabó nuestra historia.

MásQueCuentos
Resumen de privacidad

Usamos cookies en nuestra página web para ver cómo interactúas con ella. Al aceptarlas, estás de acuerdo con nuestro uso de dichas cookies. Ver políticas de privacidad