413. El bosque de los olivos

Abraham Tinoco Delgado

 

Es de noche en el hermoso huerto de Getsemaní y un hombre, que es más que un hombre, está arrodillado en el suelo. La oscuridad es total y el silencio absoluto. Con voz baja y llena de dolor el hombre ora. Es humano y tiene miedo. Lagrimas se desprenden de su rostro y mojan la hierba bajo su cuerpo. Cerca de él los discípulos duermen y no acompañan al maestro. Alrededor, los olivos mecen suavemente sus hojas haciendo compañía como si supieran que son testigos de un momento sagrado. El hombre mira al cielo y pide consuelo. Cierra sus ojos y espera la respuesta. De repente un pequeño rayo de luz rompe la noche, le ilumina el rostro y le recuerda que no está sólo. Entonces, el temor se desvanece y Jesús acepta su destino, acata la voluntad de Dios y el mundo cambia para siempre.

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