382. Cuando despertó

Roberto Dilano

 

Cuando despertó, el olivo, cansado guardián de una tierra que ya apenas reconocía, testigo de lluvias que arrasaron todo y llegaron tarde, de veranos que abrasaron los caminos, de niños que jugaron bajo sus ramas y regresaron ancianos buscando la sombra perdida, de amores jurados al caer la tarde, de guerras, cosechas, ausencias y regresos, de manos que recogieron su fruto y otras que acariciaron su tronco antes de marcharse para siempre, con las raíces hundidas en la memoria y las ramas levantadas hacia un cielo indiferente, como si esperara desde hacía siglos exactamente aquel instante, silencioso, inmóvil, obstinado, fiel a la tierra y al tiempo, seguía allí.

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