360. Las raíces del tiempo

Martín Sesé Galindo

 

Cada mañana, antes de que el sol despierte, camino entre ellos.

Los conozco desde que eran apenas un puñado de ramas. Recuerdo cuando mi padre plantó el primero, con las manos llenas de tierra y esperanza. Después llegaron otros, y otros más. Crecieron conmigo. Yo les enseñé a resistir el viento, la sequía y los inviernos; ellos me enseñaron que cada cosa llega a su tiempo.

Durante años, sus hojas fueron mi reloj. Cuando florecían, sabía que llegaba la primavera. Cuando sus aceitunas pesaban sobre las ramas, sabía que el otoño estaba cerca. Y con cada cosecha, los años empezaban a pesar sobre mis hombros.

—Abuelo, ¿qué haces aquí tan temprano?

Me giro. Es mi nieta, todavía con los ojos medio cerrados.

—Mirándolos por última vez.

—¿Por qué?

Miro los olivos. Sus ramas se mueven lentamente con el viento.

—Porque creo que ya es hora de dejar que sean ellos quienes continúen la historia.

Mi nieta ya no pregunta, solo se acerca y toma mi mano.

Y mientras el sol termina de salir, comprendo que quizá los olivos nunca fueron míos. Solo me tocó cuidarlos durante un tiempo, igual que ahora le tocará a ella.

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