354. La hoja del olivo

La Flor de Niel

 

La jornada ha vuelto a ser dura. Ya van varios días en los que he decidido dejar en casa el reloj que me habían regalado. Cada vez me ponía más nervioso sentir la vibración en la muñeca avisando de que mis niveles de tensión y estrés estaban aumentando. Había dejado el campo en busca de una oportunidad mejor en la ciudad. Trataba de cumplir algunos de mis sueños. (Quizás eran sueños que vendían en la televisión.) Parecía que si no lograba tener una casa y una familia no triunfaría en la vida. Y ahora me miro al espejo, con más de treinta años, encadenando trabajos precarios, compartiendo piso con desconocidos, y con problemas de estrés. Pensando en renunciar. Pero cada noche, con el sonido del agua hirviendo y la liturgia de lavar las hojas de olivo para preparar la infusión, siguiendo los pasos que me ha enseñado mi abuela hace tantos años; pienso en todo lo que me han enseñado entre los olivos familiares: “De los olivos se puede aprovechar el fruto como la mayoría, las hojas como algunos; y su sabiduría y longevidad como pocos saben escucharla. Resistir y luchar por salir adelante. No rendirse.” Y eso intento hacer.

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