317. Aroma

Lisandra Leyé del Toro

No hubiese necesitado ver aunque mis ojos fueran funcionales, sutil y agradable era el olor. Habíamos llegado al olivar y mis manos tocaban los frutos de un árbol cargado. Ningún regalo de cumpleaños sería mejor que este viaje. Degusté las notas de aquel oro líquido recorriendo mi garganta— y supe en ese instante que estaba enamorada.

Tenía claro que no volvería a ser la misma, por eso cuando recibí la noticia de que estaba embarazada y que amaba cocinar, la decisión vino por consecuencia. A los pocos días nos habíamos instalado en la nueva casa y recorríamos el olivar. Mientras un lugareño nos enseñaba las particularidades del oficio, ya pensaba en las delicias culinarias que mis manos harían para que otras personas como yo— fueran cómplices del deleite.

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