300. Oleuropeína

Oliverio

 

Tengo dos cosas en común con mi madre. La amargura por la vida y el gusto por las aceitunas. Nunca esperamos que algo mejore. Siempre en el cuarto ínfimo. Viviendo de trabajos ocasionales. No sabiendo si alcanzará el dinero. Pero las aceitunas son infaltables. Complicidad al comerlas con un pan y un café.  Chupamos las pepas un buen rato. Las escupimos, y también la vida que nos tocó. Que se pudo hacer esto, pero paso aquello, culpa de otros. Hoy encontré unos billetes en la calle. Compramos mermelada y pasteles. Conversamos de cómo nos puede ir mejor. Demasiado dulce para nosotros.

MásQueCuentos
Resumen de privacidad

Usamos cookies en nuestra página web para ver cómo interactúas con ella. Al aceptarlas, estás de acuerdo con nuestro uso de dichas cookies. Ver políticas de privacidad