30. Este aceite que alimenta palabras

Pedro Porres Oliva

Cada olivo es un hombre que se oculta. El día de los inocentes los aviones vuelan sobre los tejados de Lopera como una epidemia. Se desata la ira de Caín sobre la cal y la ceniza de su frente. Los pájaros desparecen dando paso a un canto metálico sobre las lomas. Desorientado me arrastro por el olivar. Vuelvo al útero de la tierra.

Un árbol guardará mi tumba. Su tronco fruncido muestra el rostro de un anciano que contempla la madrugada en su batalla.

Escarbo con mis manos bajo raíces horadadas de sueños y balas. Cavo en busca de un extremo de mi sombra nunca tocado por la luz de los cometas. La fecha de mi nacimiento y de mi muerte contarán que caminé un solo día por este mundo. No me hallarán bajo la tierra ovillado.

Un árbol guardará mi tumba. Su aceite alimentará palabras de amor y de pena. Ya se desploman sus frutos tardíos en coágulos sobre la tierra. Que mi tibia sea raíz de olivo.

MásQueCuentos
Resumen de privacidad

Usamos cookies en nuestra página web para ver cómo interactúas con ella. Al aceptarlas, estás de acuerdo con nuestro uso de dichas cookies. Ver políticas de privacidad