3. Lucio

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Lucio estaba muy contento con los trabajos realizados por todos los componentes de la Comunidad del Aceite. Tan contento estaba que se propuso celebrar una gran fiesta con todos aquellos que habían colaborado aportando su esfuerzo y su saber para el cultivo. Quería hacerles llegar una invitación para que contaran, en fin, sus batallitas. Marco, Plinio, Teofrasto, Gileta, Panisello y Padual componían la lista de los más queridos por Lucio y para los que deseaba que confirmaran su asistencia.

Lucio había nacido en la Bética, concretamente en la jienense Mengíbar, límite entre la Bética y la Tarraconense, y había estudiado con gran precisión las técnicas de cultivo del olivo, la recolección y los métodos de molienda.

De pronto notó que algo caía dulcemente sobre su cabeza. Ese ligero golpeo le despertó de su profundo sueño. Despertó recostado al pie del olivo al que agradecía su fascinante sombra y a su lado descubrió una jovial oliva, la que le había acariciado la mollera en su caída. Y Lució creyó que le dedicaba una aceitosa sonrisa.

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