279. Trabajo o contemplo

Juan Puertas Sánchez

 

Tiempo ha, los jóvenes Tertulio y Policarpo se acercaron a mi olivar buscando su primer trabajo…

– ¿Y cómo sería la tarea?  -me preguntó el primero.

– Haré una breve introducción: Se varean las ramas del árbol, se recogen luego las aceitunas del suelo, se depositan en las cajas y se llevan a la almazara donde las transformarán en oro líquido para el buen cocineo –expliqué.

– Aclare más ese sube y baja, porque presumo un trajín que puede causar mareos   –argumentó Policarpo.

– Veréis… Cuando se varea el árbol, estiras el cuerpo, y cuando se recogen del suelo, lo encoges. Y, claro, en ambos casos se suda pues son posturas cansinas.

Al parecer, tal tesitura les resultaba tan cruel, que Policarpo ahuecó el ala para dedicarse a labores donde la astuta dicción priva sobre toda acción. Es decir, se metió en política.

Y Tertulio se avispó para encontrar ocupación aún más regalada: discutir de lo divino y humano. O sea, se hizo tertuliano.

Y ¡oh sorpresa!  aunque el lector no lo crea, los ingresos de ambos les evitaron carencias como las que viene sufriendo quien este relato suscribe, un olivarero andaluz que con dificultad sobrevive.

 

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