281. Lo que guardan los olivos

Chiska

 

Pan y aceite. Recuerdos de una infancia. Esencia de un comienzo. Olor a oro que remueve en mi ser recuerdos profundos.

Noviembre.

La niebla sobre el horizonte. Marrones transformados en grises, un desierto inmerso en humedad. 

El frío metido en mis huesos. El fuego esperando adentro. 

La voz de mi padre al otro lado del olivo. Alentando, sacudiendo las ramas.

Mis pequeñas manos recogen aceitunas del suelo mientras mi padre batea las ramas. Con serenidad y la importancia de mi tarea, recojo el fruto del suelo como si fuese oro. 

Cansancio y recuerdos de desayunos junto al fuego se mezclan en mi cabeza. Pan tostado, aceite, amor.

Olor a tierra húmeda que perdurará en mí durante años. Olor a campo, a verde, a vida. 

Entonces creía que recogíamos olivas, ahora sé que creábamos recuerdos. 

Y cada vez que el molino transformaba aquel fruto en aceite, parecía devolvernos algo más que oro.

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