25. Il Guardián

Luiz Eduardo de Carvalho

 

Javier por fin accedió a la venta de la antigua propiedad familiar. Al descubrir que el nuevo dueño estaba interesado solo en diversificar inversiones y transformar el lugar en un negocio de oleoturismo de lujo, era demasiado tarde para el arrepentimiento: la escritura ya estaba firmada.

Cuando las reformas empezaron, los trabajadores locales advirtieron que el alma del centenario lagar, personificada en un guardián silencioso, garantizaba la salud de los olivos y la calidad del aceite. El pragmático inversor se mofó, tildó la advertencia de superstición y continuó con las modernizaciones. Entonces, extraños fenómenos comenzaron a ocurrir: las máquinas dejaron de funcionar inexplicablemente, las aceitunas maduraron irregularmente y se oyeron extraños lamentos durante la noche.

Durante la primera cosecha bajo la nueva dirección, una sucesión de misteriosos eventos hizo que la producción fuera inferior al veinte por ciento del rendimiento tradicional. El nuevo propietario, por fin, cedió a la evidencia y buscó a Joaquín, el decano de los trabajadores, de quien escuchó que el guardián no era una fuerza maligna, sino una compleja combinación de saberes que conforman la memoria viva del pasado, la cual se niega a ser olvidada. Javier readquirió la propiedad por la mitad del precio.

 

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