240. Centenario

Guepardo

 

Suave vaguada de tiempo, en hilera, paz sobre terruños fértiles, morada sempiterna, brisa de campiña serena, hábitat de centenario olivo. En su tronco raído, viejo y agrietado, ulula todas las noches un búho pícaro, que cuenta estrellas fugaces. Las mañanas las pasa al sol acostado, con descaro, jugueteando entre chicharras y zorzales. De su sublime centenario equilibrio, sensible y vital, sale su fruto. Sus hojas verdes, colorida paz en ramas, bellas y cargadas de aceitunas, están …, templanza, esa, su virgen esencia en callados ecos de otoño y exhibidas cual verdes y moradas divas. Y en cíclicas cosechas, proezas fértiles son su alma de onírico oro. Al ocaso, duerme y al alba, llega su alegría, vienen a recolectar con mimo y cariño su puro secreto con varejón y cosquillas en la barriga. Y tú, orgulloso centenario, gritando al viento la dulce flagelada ilusión por dar frutos con deleite. Cumplido tu fiel anual idilio, veneras descansar en noche gélida y fría, y sueñas ya, con la próxima cosecha de mediterránea esencia. Centenario olivo, altivo, seductor y soñador, rey absoluto de todas estas tierras, a tu lado, mi felicidad es eterna…

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