236. Mis raíces

Omar Arévalo

 

Con orgullo lo digo: ¡mi madre era aceitunera! Nací en un olivar y crecí en la almazara. No teníamos tierras, pero en un pequeño terreno mi madre cosechaba el picual. Sus aceitunas eran de las mejores del mundo. Obtenía 100% zumo de aceituna; cuyo color, olor y sabor identificaban al mejor aceite de oliva virgen extra en kilómetros a la redonda.

A mi padre se lo llevó la guerra y nunca volvió. A mi madre y al olivo me debo.

Han pasado 60 años y allí están, intactos, los mismos árboles que sabrá Dios cuántos años tendrían cuando nacieron mis padres. Son más de cinco generaciones y milagrosamente el olivar sigue produciendo, aunque para este otoño ya no estarán las benditas manos callosas que permitieron las oportunidades que tuve para formarme, más allá del olivar y la almazara.

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