225. Rebelión

Daniel Ortiz García

 

Cuando el recién llegado observó la incipiente floración de las aceitunas, allá por el primero de abril de 1937, el plateado olivar coloreó su futuro: primero, la trama blanquecina de Jaén; luego, el verde en los ojos de su futura esposa y, por último, el negro a la salida de Andalucía. Al aguzar la vista, las manos hacendosas y los rostros tiznados de los aceituneros impregnaron a aquel joven de paz, polen, sudor y sangre. Imaginó a los terratenientes, entretanto, recogiendo el fruto del esfuerzo ajeno desde sus sillones. El joven se preguntó: “¿Quién, quién levantó los olivos?”.

La guerra aún no había acabado, pero, cuando ayudó al jornalero en el cuidado del árbol, las manos heridas y el olor a leña apaciguaron su alma. Un instante después, al ver al trabajador exhausto bajo su sombreo de paja, su sed de rebelión volvió a aflorar. Mientras unos se rodeaban del brillante oro, aquella tierra olía al petricor de la sangre dorada del aceitunero sobre el terruño. La carne de la oliva era tierna, pero el piñón duro. Gritó airado: “¡Cuántos siglos de aceituna pesan sobre vuestros huesos!”.

Con sabor agridulce, Miguel se marchó pensando: “Jaén, levántate”.

MásQueCuentos
Resumen de privacidad

Usamos cookies en nuestra página web para ver cómo interactúas con ella. Al aceptarlas, estás de acuerdo con nuestro uso de dichas cookies. Ver políticas de privacidad