204. Por sangre

DRP

 

En la taberna dejaron hasta las cartas. Las sillas se arrastraron hacia él.

Quiso marcharse sin llamar la atención.

—¿Adónde vas? —preguntó Rafael, con el palillo entre los labios.

Le señaló una silla.

Él se sentó.

Entre bromas y amenazas, la tarde fue cercándole.

—Me tengo que ir.

Rafael sonrió.

—Todavía no.

Aquellas gentes llevaban generaciones en el mismo sitio. Si les pinchabas, en lugar de sangre echaban aceite por las puntas de los dedos. Se habían dejado las plantas en aquellos olivos.

—¿Sabes lo que pasa? —preguntó Rafael.

No respondió.

—Uno de los nuestros consiguió escapar; mi hijo.

Hizo una pausa.

—Por primera vez en generaciones.

Entonces comprendió.

Había venido de la capital porque allí ya no se podía vivir. Había encontrado trabajo en el pueblo. Un jornal entre olivos. Un futuro, creyó.

—Ese trabajo era suyo —dijo Rafael—. Por sangre.

Alzó la mano y se llevó el dedo a los labios.

Silencio.

Él se levantó.

Corrió hacia la puerta.

Las navajas hablaron antes que nadie.

Fuera, el viento sacudió las ramas.

Y los olivos florecieron de rojo.

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