202. El guardian del Olivar

Dee Lyra

 

Federico salía de su casa, pero al cerrar la puerta principal recibió una llamada. La expresión de su rostro cambió. Al colgar, soltó el maletín y con teléfono en mano realizó una llamada.

-Buenos días jefe. Lo llamo para decirle que hoy no podré ir al trabajo. Mi tío Fulgencio acaba de morir y debo resolver asuntos legales.

Fulgencio vivía en Rusia, pero tenía una finca de olivos llamada «El Cortijo de San Pedro», ubicada en Baeza. En esa finca, Federico y su tío se encontraban, al menos, una vez al año para disfrutar del paisaje infinito de los olivos. Era una tradición que habían mantenido por años.

Llegó al despacho de abogados Fernández & Fernández en 20 minutos. Iban a leer el testamento del tío Fulgencio. Pero apenas entró a las oficinas vio a su hermana Felicity, con la que estaba peleado y no se hablaba desde hacía 5 años. Entonces, Federico se devolvió para irse, pero la abogada Fabiola Fernández lo encontró saliendo, lo detuvo y lo hizo sentarse en la mesa. La abogada hizo lectura del testamento.

CUARTA. Legó a mis sobrinos, Federico y Felicity Franco, la propiedad indivisa de la hacienda «El Cortijo de San Pedro» en Baeza, con la condición obligatoria de que asuman juntos su gestión y explotación.

Federico y Felicity intercambiaron miradas, pero no se dijeron nada. Tendrían que viajar de inmediato a Baeza para ocuparse de la finca. Pero ni Federico ni Felicity estaban contentos con el plan. La idea de que ambos tenían que gerenciar juntos la finca del tío era su último castigo para ellos. Ambos lo que querían era venderla y no tener que verse nunca más. Ambos pensaban que el otro era un timador. De hecho, se habían peleado por dinero. Ahora tenían que hacer negocios juntos de nuevo. Eso no era algo que les encantara.

Federico hizo una maleta con lo indispensable y partió para Baeza. La verdad no esperaba quedarse más que un par de días hasta concretar con Felicity los términos de la venta. Felicity hizo lo mismo. Tampoco tenía muchas expectativas.

Se encontraron en la finca al día siguiente. Era una situación incómoda para ambos. De pronto ambos teléfonos sonaron. Los llamaban, diferentes personas, para advertirles sobre lo que vendría. Se esperaba que una «DANA» descargara cientos de litros de agua por metro cuadrado en pocas horas sobre la zona. El peligro era inminente. Federico y Felicity se miraron, pero decidieron tomar decisiones por su cuenta. Federico comenzó a cerrar las ventanas y a sellarlas para que no entrara el agua. Felicity se ocupó de sellar las puertas y tomar todas las toallas por si era necesario. Ninguno de los dos tenía intenciones de abandonar la finca.

A la media hora llegó a la casa de los Francos el vecino de la hacienda de al lado, Facundo. Desde la puerta les gritó.

-Soy el vecino de la hacienda Almazara de Mágina. Vengo a avisarle que debemos irnos. Se avecina una tormenta.

Pero si en algo estaban de acuerdo los Franco, aunque fuera una sola cosa, era en no abandonar la finca del tío. Y no sabían por qué. Era como si algo los estuviera deteniendo. Decidieron prepararse para lo peor.

La lluvia comenzó lenta, pero de inmediato se convirtió en un diluvio. Felicity rezaba el rosario. El viento abrió las ventanas de golpe y el agua comenzó a entrar. Felicity corrió a cerrarlas, pero el viento la lanzó hacia la pared. Federico estaba desconcertado. Corrió a la ventana y la cerró. Pero se dio cuenta que Felicity estaba inconsciente en el piso. Pasaron unos segundos en los que no sabía qué hacer. Finalmente decidió ayudar a su hermana. La levantó y la colocó suavemente sobre el sofá. Le puso una compresa de agua fría en la frente y se alejó de nuevo. Felicity volvió en sí y se dio cuenta que su hermano la había ayudado. Se le acercó lentamente.

-Gracias por ayudarme-

Federico no le respondió. De repente escucharon un gran escándalo. Eran alrededor de 20 personas gritando por auxilio. Los hermanos abrieron la puerta de la casa y los dejaron entrar. Eran turistas de diferentes nacionalidades. Estaban de visita en la zona y se habían quedado atrapados por el colapso de las carreteras. Extrañamente el ambiente sereno del olivar parecía aplacar la ansiedad del grupo, infundiéndoles una paz sobrenatural.

Pero sin duda era una situación difícil para los hermanos Franco, que estaban peleados, y ahora se encontraban atrapados con 20 personas más, de diferentes nacionalidades. Al parecer les tocaría trabajar unidos para sobrevivir.

Los turistas que hablaban español comentaron que todos los caminos estaban bloqueados y que las comunicaciones habían sido interrumpidas por el vendaval.

-Nosotros nos quedamos atrapados. Mi esposa y yo somos de Argentina. Mi nombre es Fernando. En este grupo hay personas que no hablan español y tratamos de comunicarnos con ellos en inglés o por señas.-

– No es posible salir de aquí- dijo con intranquilidad, Francisco, un joven peruano que estaba de visita en la zona.

Felicity y Federico entendieron, casi al mismo tiempo que tenían que dejar sus diferencias de lado y comenzar a trabajar unidos si querían sobrevivir. Ahora eran responsables de 20 turistas y de su finca. Sabían que tenían que aprender a trabajar juntos para acondicionar las bodegas de la finca con el fin de transformar el oleoturismo en un refugio permanente para su nueva comunidad. Se dieron la mano y comenzaron a dividirse las actividades dentro del viñedo. Pero a pesar de todo lo que sucedía alrededor en la finca la paz y la tranquilidad era una constante.

En los días siguientes, Federico los involucró a todos en las labores de la finca. Primero evaluaron los daños que había dejado la «DANA». Pero, sorprendentemente, los olivos y el campo estaban intacto. Había sido un milagro. Luego Federico instruyó a los turistas en las labores del olivar: la poda, el vareo, el soplado de hojas y la cata del aceite recién extraído. De esta manera, a través del aprendizaje de la cultura del olivo, la conexión física con la tierra y el trabajo conjunto buscaba transmitir tranquilidad y unión. Aquellos que no hablaban español, se familiarizaron con las palabras claves: olivo, aceite, olivar. Juntos descubrieron que el olivar no es solo un medio de vida, sino un símbolo de resistencia que sobrevive a cualquier tormenta.

Felicity por su parte, se encargaba de todo lo que era la limpieza y el mantenimiento de las áreas. Fue así como un día descubrió un cuaderno antiguo de su tío que detallaba cómo esos mismos olivos sobrevivieron a sequías e imperios extintos. El aceite producido por esos árboles específicos tenía propiedades únicas de conservación natural. Felicity entendió por qué el tío Fulgencio protegía tanto el lugar. ¡Eran olivos milenarios!

Esa noche mientras todos dormían, Felicity y Federico se sentaron a conversar. Ella le comentó sobre el cuaderno que había encontrado. Entonces Federico le comentó con asombro.

-El día que llegamos, cuando se produjo la tormenta una fuerza extraña me hizo quedarme. Yo pensaba que estaba cometiendo un error, pero no había manera de que pudiera irme. Algo me detenía. – le confesó a su hermana.

Felicity sorprendida se levantó de golpe y mirando a su hermano totalmente desencajada le dijo:

-¡A mí me pasó lo mismo!

Ambos se quedaron mirando desconcertados. Pero había más hechos extraños. A tres semanas de la tormenta no era posible salir de «El Cortijo de San Pedro». Esa noche tomaron la decisión de dar una vuelta y verificar el estado de las carreteras.

Salieron en la camioneta, pero al llegar a la puerta se dieron cuenta de que no había posibilidad alguna de salir. Era como si la finca estuviera suspendida en el aire. No había ningún tipo de carretera o camino a su alrededor. Regresaron a la casa y trataron de usar los teléfonos, pero no había señal. Prendieron la televisión, pero no había transmisión. Era como si estuvieran solos en el mundo.

Acordaron no hacer ningún comentario al respecto con los turistas. No querían crear pánico. Y así lo hicieron. Al día siguiente les comunicaron a los turistas que había recorrido los linderos de la finca y las carreteras se mantenían bloqueadas. Parecía que lo único que podían hacer era dedicarse a los olivos, a la tierra y mantenerse activos.

Felicity le recordó a Federico lo que había leído en el cuaderno. Estaban ante olivos milenarios capaces de sobrevivir a todo.

-Entonces nosotros nos convertiremos en sus guardianes. Tenemos que preservar el legado- le dijo Federico con voz firme.

-Cambiemos el nombre.

Decidieron bautizarla «El Guardián del Olivar» porque estaban convencidos que había una fuerza superior allí aunque no sabían de qué se trataba. Esa misma fuerza que les había impedido marcharse antes de la tormenta.

Una semana después de aquella noche, Fernando, el turista argentino se encontraba en el campo, en labores de poda, y su teléfono celular sonó. Su hija desde Argentina lo llamaba para saber de él. Durante un mes intentaron comunicarse con él pero no había sido posible.

Federico quedó en shock.

-¿Cómo era posible que hubiera recibido una llamada si las comunicaciones estaban cortadas?-

Corrió a contarle a Felicity quien lo esperaba también con una noticia. La abogada Fernández la acaba de llamar para comentarle que había una parte del testamento del tío que debía leerse luego de un mes de su muerte.

-¿Cómo así?- preguntó Federico sorprendido

-No lo sé hermano, pero tenemos que ir al despacho de la abogada.

-Pero, ¿cómo?

Felicity tomó la camioneta y condujo hasta la entrada de la finca. Quedo asombrada al constatar que todo estaba en perfectas condiciones, exactamente como antes de la tormenta.

Felicity regresó a la casa y le contó a Federico la noticias. Ambos hablaron con el grupo de turistas y le dijeron que todos tenían que marcharse. Se prepararon para volver a casa. El grupo de turistas estaba tan agradecido con los hermanos que prometieron volver a visitarlos, al menos una vez al año. Todos ellos sentían que ya formaban parte de esos olivos milenarios. El grupo en su totalidad se había enamorado de aquel hermoso campo en el que, gracias a una terrible tempestad, habían pasado unos días inolvidables.

Al día siguiente los hermanos viajaron para estar en el despacho de la abogada.

Sentados frente a la abogada, Felicity y Federico escuchaban con atención.

-Hay una última voluntad de su tío, pero por orden explícita no podía abrirla antes de 30 días. Les leo: CLAÚSULA SECRETA. — Transcurrido un mes desde mi partida, mi letrada entregará a mis sobrinos la siguiente carta de mi puño y letra:

«Queridos Federico y Felicity: Si están leyendo esto, significa que han logrado convivir un mes entero bajo el mismo techo. Si pensaban vender el Cortijo de San Pedro o como la hayan bautizado ahora, para repartirse el dinero y no volver a mirarse la cara, debo decepcionarlos. Esta finca no se puede vender. Los olivos que custodian estas lomas no son míos ni de ustedes. El verdadero oro no está en los bancos, sino en la memoria que brota de esta tierra. Ahora que han logrado unirse para trabajar juntos, comprenderán por qué fueron elegidos».

Los hermanos se miraron desconcertados. Les quedaban más preguntas que respuestas y una total certeza: «El Guardián del Olivar» se mantendría vivo.

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