19. Amargor

Silvina Holder

 

Cuando regresó, al saber que extrañaba mis comidas, mi mujer sazonó los platos locales con aceite de oliva. Para los frijoles, su especialidad, abandonó la manteca de cerdo, esa grasa espesa que se adhiere a los ingredientes y deja en ellos un rastro animal. Quiso reemplazar la dulzura andina por el gustillo amargo del mediterráneo. El amargor de aquellas hierbas se mezclaba extrañamente con la frijolada. Era tan fuerte que ocultaba las dosis de sangre menstrual que añadía. Finjo ignorarlo. Ese aroma se ha impregnado en su cuerpo como una exquisitez que violenta mis sentidos. Después del viaje, lo primero que cambió fue el sabor de su piel.

 

MásQueCuentos
Resumen de privacidad

Usamos cookies en nuestra página web para ver cómo interactúas con ella. Al aceptarlas, estás de acuerdo con nuestro uso de dichas cookies. Ver políticas de privacidad