189. Legado verde dorado

Milagros Mailen Molina

 

El ejército de cochinilla avanza en silencio sobre el añoso olivo que plantó mi padre; aferradas a su corteza, devoran la savia de sus brotes. Esta primavera, el parásito demanda nuestra rendición.

Camino hacia el galpón. Entre las tolvas y molinos, dejo el hacha y tomo el cepillo. Me arrodillo en la tierra, con agua y jabón combato a esas invasoras. Recuerdo a mi viejo, si el árbol sucumbe pierdo un poco de él otra vez.

Con los pies entumecidos y las uñas con tierra resistí junto al tronco; tras largos otoños ya recuperó su fuerza, listo para dar fruto.

De lejos llegan los ruidos de la almazara y la gente recorre los puestos en la exposición. Me limpio las manos en el delantal y me acerco al tablón central; con el cuchillo corto una fina rodaja de manzana y por encima cae el aceite verde dorado. Mientras este hilo siga cayendo, él nunca se habrá ido del todo.

 

 

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