177. Tradición familiar
– Mami, ¿porque la abuela pasa tanto tiempo sola?
– Alguien tiene que encargarse del negocio familiar, hija mía. A tu abuela la eligieron para ello, en el futuro quizá te toqué a ti.
– ¿Pero no es triste? Siempre tiene las manos duras y duerme mucho, además, desde que se cayó tiene que usar bastón, ¿porque no le ayuda nadie?
– Su madre, tu bisabuela, le enseñó que ese campo debía ser trabajado únicamente por la persona que lo heredaba. Así se aseguraban de que el aceite sale como corresponde, nadie más que la persona que lo hereda puede involucrarse en el proceso.
– Pero es muy grande, yo no quiero ocuparme de todo eso sola… ¿y si le digo a Raquel que me ayude? Solo un poco, así también tendré a alguien con quién hablar.
– No sabría decirte…se supone que no debería ser así. Aunque si consigues convencer a tu abuela, quizá se pueda cumplir. Puedes intentarlo, al fin y al cabo te quiere muchísimo. Ahora tienes que dormirte cariño, mañana te vas al campo. Tienes que estar descansada.
– Vale, buenas noches mamá. Te quiero.
– Yo también, cielo.
La mujer le dio un suave beso en la mejilla y, con una sonrisa salió de la habitación. La pequeña se acurrucó entre las sábanas y cerró los ojos.
Desde que era muy pequeña, su abuela la había llevado a su casa de campo donde descansaban los olivares familiares. Recordaba como las palabras salían casi sin tiempo para procesarlas, la mujer con canas se podía pasar horas explicándole todo el proceso, desde la plantación del olivo hasta el prensado y posteriormente la venta del líquido dorado. Era de tan buena calidad que, prácticamente, era la fuente de dinero principal de su familia y su mayor orgullo.
Más adelante, cuando sus rollizas manos se afinaron, se vio involucrada de forma más activa.
Todas las palabras que habían tenido su mente ocupada durante años, ahora se materializaban a través de sus manos y, con una sonrisa radiante, le mostraba sus manos rojas del esfuerzo esperando que le diera la merecida mandarina como premio.
Con el tiempo, aquello la empezó a aburrir, estaba cansada de tener que hacer todo eso. Quería mucho a su abuela, pero se perdía muchas cosas por culpa de eso.
Así que un día, simplemente se sentaron y hablaron. Le explicó sus sentimientos y lo poco que le gustaba hacer eso, la mujer sonrió y le acarició la mano con suavidad.
‘’Estaré aquí siempre que me necesites, así que no dudes en visitarme’’
Desde entonces, se propuso leer todos los libros de la biblioteca de su pueblo y, para hacerlo más ameno, le pidió a su prima que la acompañará en su pequeña misión. Todos los días, las dos jóvenes se presentaban en el lugar y leían hasta que cerraba, entonces seguía en su casa. No hace falta mencionar que eso afectó a sus notas y su vida social, pero sabía que al menos tenía a Raquel, su mejor amiga.
– Raquel, cuando seamos mayores y el negocio sea mío, ¿me ayudarás?
– Ya te he dicho que si.
– Es que me preocupa que cambies de opinión, no te veo muy convencida.
La contrario levantó la cabeza del libro y la miró con una sonrisa extraña.
– Mira, no es que me haga ilusión trabajar un campo tan grande, pero somos un dúo. Cuando yo tengo que estudiar, tú estás ahí. ¿Porque no estaría para ti? Entre las dos todo será más ameno, aunque eso sí, ya sabes que yo no sé mucho del tema así que me tendrás que enseñar.
– Pues claro que te enseñaré, tú no te preocupes. No es tan difícil, y si no siempre puedes hablar conmigo y ya. Es más que nada para no aburrirme, ahora está la abuela y hablo con ella, pero cuando ya no esté solo podré hablar con mis pensamientos y los olivos.
– Pff, ¿hablarás con los árboles?
– Bueno, con alguien tendré que hablar. Además, vi en tiktok que si le hablas a las plantas crecen más fuertes. Así, todas las mañanas desayunaremos tostadas con aceite y queso.
– …No me gusta el queso, ¿recuerdas?
– Es verdad…, bueno, pues tú sin queso.
– Mejor, de verdad que no puedo con el queso. Después de lo que me contó mi madre sobre la producción, no pude volver a comerlo.
Al ver como a la contraria le daban náuseas no pudo evitar reírse.
– Chicas, tenéis que bajar la voz. Recordad que esto es una biblioteca, aquí se viene a leer, no a cotillear.
– Perdón.
– Gracias.
La mujer se alejó caminando con calma y se volvió a sentar en su asiento.
Un martes, su madre la sentó en la cocina y, con una frase, sintió como su mundo se caía a pedazos.
– Tu prima Raquel ha fallecido, aún no saben el motivo, simplemente esta mañana no la podían despertar y, cuando le tomaron el pulso, no tenía.
– ¿Qué? Pero me prometió que me ayudaría con el aceite, ¿seguro que no se han equivocado? Se estará haciendo la dormida, hoy tenía una exposición de historia, sabes lo poco que le gusta… ¡Seguro que ahora está metida en su cama riéndose por lo bajo!
Las palabras salieron sin pausa y su voz, al principio molesta, se resquebrajó como un espejo. No pudo evitar reírse, seguro que lo habían hecho mal. ¡Los adultos también se equivocan!
El firme agarre de su madre la obligó a mirarla, los ojos de su madre le advirtieron que la equivocada era otra persona.
– No, Carmen. Nadie se ha equivocado, tenía la piel helada y no reaccionaba a nada. Está muerta.
La niebla nubló sus pensamientos y sintió como su corazón se aplastaba. Las lágrimas se deslizaron furiosas por sus mejillas y gemidos lastimeros resonaron por la habitación, por mucho que su madre le acarició la espalda y la abrazó, la joven no paró hasta que se durmió del cansancio.
Con gran pesar, se balanceó en el columpio del parque. ¿Ahora qué?
Recordó las palabras de su abuela y decidió ir a verla, necesitaba distraerse de lo sucedido.
Se vio rodeada en un abrazo y palabras llenas de calidez, la mujer sabía lo mucho que se querían esas dos. Juntas, fueron a recolectar aceitunas en un silencio que la hundía cada vez más en sus pensamientos, así que en un tono dulce, la anciana intentó consolarla.
‘’Bichito, se que os queríais mucho pero la muerte le llega a todo el mundo, no discrimina. Esto que ha pasado, es una desgracia, si, y también parte del aprendizaje de nuestras vidas. Cuando yo ya no esté, esto será tuyo como ha marcado la tradición durante décadas’’
No era la mejor consolando, pero sus buenas intenciones le sacaron una sonrisa. Sabía que había sufrido mucho, uno de sus tíos había muerto el año pasado por un ataque al corazón, madre e hijo estaban hablando no muy lejos de dónde estaban ahora antes de que pasara.
10 años más tarde, su abuela murió mientras dormía y todo lo que había aprendido, pasó a ser suyo, tanto las herramientas y el campo como la colorida casa.
Puso en práctica todo lo aprendido, completamente sola. Hoy tenía que arrancar tocones, algunos olivos se habían enfermado y había tenido que deshacerse de ellos.
Justo cuando se disponía a clavar la pala, el timbre de la reja sonó. Dos oficiales la miraron de arriba a abajo con una sonrisa.
‘’Buenos días. Disculpa si te interrumpimos, pero hemos recibido una denuncia por un posible homicidio en la zona. Requerimos revisar el terreno para encontrar posibles pistas, tenemos el permiso para ello, así que te pedimos que colabores.’’
Sin más remedio y con una sonrisa incómoda, les dejo pasar. Observó como el perro policía olisqueaba la tierra cerca de uno de los olivos para, a continuación, escarbar con rapidez.
En cuanto vio sobresalir un brazo, únicamente reconocible por una pulsera de hilo ya podrida, no pudo sostener la pala que, con un ruido sordo cayó al suelo. Quería reaccionar pero el shock se lo impedía.
Esa pulsera era claramente de Raquel, las habían tejido una tarde de primavera entre risas y cotilleos del instituto. Observó al pastor alemán escarbar otros cuatro olivos con el mismo resultado, quería sentir pena por lo que le habían hecho a su campo, pero no podía después de ese espeluznante descubrimiento. Ese campo abarcaba más de 5 hectáreas, su mente no paraba de preguntarse, ¿Cuántos cuerpos podían haber enterrados en ese espacio que generación tras generación, habían cuidado?
Ese aceite abastecía a todo el pueblo y alrededores, el sólo pensarlo le provocó unas fuertes náuseas, las cuáles fueron interrumpidas por un fuerte agarre del oficial que, con rapidez, le puso las esposas. Al mirarlo, recibió una expresión de puro asco y rabia, claramente pensaba que tenía que ver, era el terreno de su familia.
Con amenazas, la arrastraron esposada hasta el interior del coche de policía.
Aterrada, observó su inmenso campo de olivos volverse borroso a medida que se alejaban.
Nunca los había contado pero fácilmente podrían ser cientos.