170. Rama rota, en un día de campo

Francisca Morillas Pastrana

 

Era primavera y mis primos y yo corríamos entre los olivos. El día anterior había llovido, el campo estaba embarrado, pero no nos importaba.

A mi primo mayor se le ocurrió subir a la copa de un olivo. Los demás lo seguimos.

De pronto lo vimos volar por los aires, golpeándose contra las ramas llenas de florecillas, tronchando algunas. Después, el porrazo. Había caído al suelo.

Bajamos tan rápido como pudimos y lo encontramos tumbado sobre un gran charco, con la respiración entrecortada.

Se rio y nos dijo:

—Menos mal que llovió ayer.

Le dimos la mano y seguimos jugando.

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