145. La Caperucita de los Olivares

Río Nalón

 

Caperucita Roja caminaba por un brillante mar verde. El bosque no era de oscuros pinos, sino de milenarios olivos de troncos retorcidos. Su capa escarlata ondeaba al viento mientras llevaba una cesta vacía. No iba a temer al lobo; su misión era noble. Ayudaría a su abuela a recolectar las preciadas aceitunas para el nuevo aceite de la almazara.

Al llegar a la pequeña casa de piedra, la abuela sonrió con dulzura. Sobre la mesa rústica reposaba una hogaza de pan caliente. Juntas, cortaron una rebanada y la bañaron con un hilo de oro líquido: el aceite virgen extra, el alma de aquella tierra.

Al morderlo, Caperucita sintió el sabor de la historia, la salud y la vida. El oro verde alimentaba a su pueblo y unía a las familias. En ese instante comprendió que el aceite era un tesoro sagrado, un legado dorado que protegía y daba fuerza a su hogar.

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