138. Gratitud

Paqui López Rosa

Hacía unos días que Enrique, no sin dificultad, había ido a un olivar condenado a desaparecer por el crecimiento urbanístico y cercano a su casa, a coger una bolsa de aceitunas. Llevaba tiempo queriendo tener un detalle con su vecina María.

María era la única vecina que se preocupaba de él. Siempre pendiente de sus medicinas, médicos y asuntos burocráticos que Enrique ya ni entendía ni lograba entender.

Aquella mañana tras rajar las aceitunas, intentaba acordarse de la fórmula. “¡Qué rabia, Me falta algo y no recuerdo qué! Hace tanto que no las preparo…” decía en voz alta. Últimamente lo hacía muy a menudo.

Mientras se anudaba el cinturón de la bata, avanzaba con lentitud por el pasillo. Llegó al despacho y comenzó a revolver cajones y estanterías.

– Si la guardé por aquí… ¿Dónde estará? ¡Ah, aquí te tengo!

Con el papel en la mano volvió a la cocina y buscó la garrafa de alcaparrones que compró el último verano, la vació, la lavó y comenzó con la tarea.

Al día siguiente cuando María salió de su casa, camino a su trabajo, encontró en su felpudo una vieja garrafa de plástico con una nota: ¡Gracias por todo!

María sonrió…

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