123. ¿Las piernas?

Lekuz Kanpo

 

-¿Las piernas?- Le preguntó a su abuelo la nieta de Manuel Campos Carpio.

-Sí, las piernas.- Le respondió él.

-¿Por qué?

-Pues… por muchas cosas.- Manuel Campos Carpio cogió a su nieta de seis años de la mano y se apresuró para llegar a la puerta de la casa.- Ven, te voy a enseñar una cosa.

Abuelo y nieta recorrieron las calles de Torredonjimeno, el pequeño pueblo de Jaén donde Manuel Campos Carpio creció, conoció a su mujer, se casó, el lugar de verano de sus hijos porque la familia se trasladó a la capital, y ahora veía como sus nietos disfrutaban de la casa de su infancia cada verano. Estos días azules y este sol de la infancia. Abuelo y nieta, de la mano, entre olivos, con el sol abrasador acechando pero sin soltarse nunca la mano.

-Mira, ¿ves todo esto?- Le empezó a explicar su abuelo.

-Sí.- Respondió la niña.

-Pues todo esto era de mi padre, ahora es mio, y espero que algún día sea tuyo.- Manuel Campos Carpio hizo una pausa.- Como la casa del pueblo, que el día que yo no esté espero que nadie la venda.-

-Eso no va a pasar.-

-¿Ah, no?-

-No, me la quedo yo.- Su abuelo sonrió.

-Vamos a ver otra cosa, ven.-

Abuelo y nieta volvieron a recorrer olivos, callejas y calles más grandes, saludaron a vecinos en las puertas, mujeres que limpiaban, hombres que venían de comprar el periodico, el pan o una docena de churros. Entonces, llegaron al lugar donde la nieta de Manuel Campos Carpio entendió que siempre sería presa de su memoria, por mucho que con el tiempo, en parte, se le fuera olvidando sin olvidar del todo, lo que vio aquel día con su abuelo dándole la mano. Nieta y abuelo entraron en el cementerio de aquel pequeño pueblo que les vio dados de la mano como si estuvieran agarrando el corazón, la memoria y la historia de aquel al que iban a visitar. 

Manuel Campos Carpio se paró frente a dos lápidas. Su nieta leyó los nombres igual que había leído la palabra cementerio al llegar, sin decir nada, sin decirle nada a su abuelo porque al ver sus ojos clavados en aquellos dos nombres, sus ojos llenos de nostalgia que lo decían todo, la nieta de Manuel Campos Carpio sintió algo que pensó que nunca sentiría otra vez. Estaba equivocada pero todavía no lo sabía. Estos días azules y este sol de la infancia. Porque una de las dos Españas ha de helarte el corazón. 

 

Manuel Campos Torres

1916-1966

Fernanda Carpio

1920-2011

A la nieta de Manuel Campos Carpio se le había helado el corazón, había visto el día azul y el sol de la infancia sobre ellos. Nunca sintió su corazón helado lleno de una nostalgia que no conocía, no todavía. 

Estos días azules y este sol de la infancia. Manuel Campos Carpio se levanta pronto, como todos los días. Mira a su alrededor y recuerda sus pasos de infancia. El suelo frío, un patio que ya no tiene hierba ni animales, en cambio tiene una piscina lo suficientemente grande para que sus nietos jueguen en ella. La hierba la cambiaron por baldosas poco después de que naciera su primera y única nieta. Manuel Campos Carpio, más conocido en el pueblo como Manolo, nunca dejaría de querer aquella casa. La casa de su infancia, donde nació el 11 de octubre del año 1949 en Torredonjimeno, Jaén. La casa que lo vio crecer a él, y que después vio crecer a sus hijos y por último a sus nietos. Manuel Campos Carpio se levanta pronto, como todos los días, se sienta en su sillón, enciende la tele, abre su ordenador el cual coloca encima de un cojín en sus muslos y escribe y pinta y piensa mientras espera. Y espera. Y sigue esperando. 

Manuel Campos Carpio recuerda sus veranos cada vez más diferentes, más extraños. Recuerda a su nieta. Miren Lekue Campos, recuerda a su abuelo. La casa en la que creció. Estos días azules y este sol de la infancia. Recita en su cabeza los pasos a versos de su abuelo. Aquel que la llevó a la poesía, a escribir, a las historias de una guerra que se le quedaba lejos. Una niña que se iba haciendo mujer, una mujer que nunca quiso ser niña pero lo fue. La poesía la hacía mayor, con ella las historias de su abuelo, de noche, cuando acechaban los mosquitos y ella no podía dejar de mirar, de admirar a Manuel Campos Carpio.

Años más tarde, el 17 de septiembre de 2024, Miren Lekue Campos y su madre, primogénita de Manuel Campos Carpio, estaban sentadas en un bar de Bilbao cuando Teresa Campos López produjo en la mente de su hija aquel recuerdo de verano con su abuelo, cuando solamente tenía seis años y entendió que siempre sería presa de su memoria.

Mira, te quiero dar algo.- Dijo su madre sacando un sobre de su mochila. Miren Lekue Campos cogió ese sobre y leyó, Manuel Campos Torres. Entonces su corazón volvió a helarse y volvió a arder, y volvió a helarse y volvió a arder. Hasta que Teresa Campos López empezó a hablar.

-Este sobre me lo dio la abuela Fernanda, era todo lo que tenía de él.- Su hija agarró el sobre más fuerte.

-Nunca lo conociste ¿no?-

-No, murió muy joven, tendría cincuenta años o así.-

-¿Por lo de las piernas?-

-No, murió antes, le dijeron que le iban a cortar las piernas debido a que fumaba pero aitite decía que también era porque estuvo diecinueve meses en el frente, en infantería y las balas le daban en las piernas.-Teresa Campos López vio los ojos de su hija fijados en el sobre que tenía entre las manos.-

-Empezó luchando en un bando y luego se cambió ¿no?- Preguntó Miren Lekue Campos.

-Bueno, no es que fuera así. A ver, el abuelo, es decir, tu bisabuelo, era agricultor y a la gente como él, de campo y pueblo, no le dejaban pensar, no podían. Entonces, cuando el pueblo cayó pues a la gente como él los pasaron de bando. Mira, Miren, esto ya lo sabes pero, el régimen mintió a mucha gente, muchas veces. Aitite decía que a su padre le prometieron una revolución agraria que nunca llegó, que siempre la esperó hasta el último momento, pero se la arrebataron. – Teresa hizo una pausa.- Hay una carta que escribió él, que yo creo que se la escribieron porque no creo que él escribiera así, él la dictaría, supongo.-

Miren Lekue Campos abrió el sobre y se encontró con muchísimas cartas. Camarada. Falange, J.O.N.S., camarada, treinta y nueve, año de la victoria, cincuenta y nueve, sociedad agraria, camarada, Ejército Nacional, F.E.T., camarada. Teresa Campos López sacó una carta cortada por la mitad, una carta escrita con pluma y se la dio a su hija.

Fecha en la que fui pasado al Ejército Nacional, por el frente de (Teruel) el día 1º de Febrero del 1938 y aquel mismo dia fui llevado al Campo de concentración de Corbán (Santander) donde fui puesto en libertad el día 7 del mismo mes, y aquel mismo dia me incorporé en el Cuartel de Milicias de Santander donde estuve prestando […], hasta el dia 11 del mismo que pasé al Depósito de instrucción de Ormedo (Valladolid) donde estuve prestando el mismo servicio hasta el dia 24 del mismo mes, que me trasladaron a (Zaragoza) y en Zaragoza me destinaron el día 7 de Marzo a la 8º Bandera de F.E.T y de las J.O.N.S. de Aragón, en la que continué hasta los últimos de Junio del 38, que fui reclamado a las Milicias de Jaén) y fui destinado a Lopera (Jaén) a la compañía de recuperación, donde estuve hasta que fue disuelta dicha compañía y entonces pasé al Depósito de instrucción de Utrera (Sevilla) y del Depósito salí destinado el día 25 de Noviembre al 4º Escuadrón de F.E.T. de (Córdoba) y en este estuve hasta el día 15 de Agosto que por disolución del mismo, pasé al 2º Escuadrón de F.E.T. de (Sevilla) y en este estuve hasta el día 4 de Octubre, que fui licenciado, por pertenecer al reemplazo.

                                                                                                                            1.937

 

En aquel momento, con dieciséis años, Miren Lekue Campos entendió lo que nunca había sabido y nadie más sabía. En aquel momento entendió los ojos de su abuelo, entendió porque su madre siempre se reía al decir que aitite se parecía a Machado. Entendió y supo que su corazón seguiría helandose y ardiendo y volviendo a helarse. Porque una de las dos Españas ha de helarte el corazón. Porque estos días azules y este sol de la infancia nunca habían significado tanto. Porque en aquel momento, todo tuvo sentido, la poesía, la historia, la literatura, y supo que siempre sería presa de su memoria. El tiempo pasó y en parte, se le fue olvidando todo sin nunca olvidar del todo, la frontera del dolor que vio aquella mañana con su abuelo en el cementerio. Sin embargo, su memoria no lo olvidó, su mente quizá dejó de lado lo que la nieta de Manuel Campos Carpio no sabía de sí misma. Y en aquel momento, Miren Lekue Campos entendió y supo que la Historia hace maravillas con los cuentos de los vencedores y que la Historia hace barbaridades con los cuentos de los vencidos.

Miren Lekue Campos llegó a su casa, con aquel sobre entre las manos y con una historia que contar, porque la Historia hace maravillas con los cuentos de los vencedores y la Historia hace barbaridades con los cuentos de los vencidos. Llegó a su casa, con aquel sobre entre las manos, las palabras rondando por su mente, revolución, abuelo, Machado, poesía, agraria, revolución, Manuel Campos Torres, Fernanda Carpio, Manuel Campos Carpio, mentira, revolución, abuelo. Miren Lekue Campos llegó a su casa, con aquel sobre entre las manos y con una historia que contar, y que sin duda alguna, contó:

A quienes el régimen mintió, en especial a Manuel Campos Torres y a todos los que hemos venido después. 

Porque hoy, lápiz en mano, soy yo tu revolución esperada.

 

NUNCA

Abuelo, nunca te conocimos.

Abuelo, nunca te escuchamos.

Los caballos olían tu miedo,

miedo de valientes, ese

que llega después.

Todavía te deben

tu revolución.

Y hoy, junto a

tu muerte 

te escribo.

Nunca te conocí,

nunca te escuché.

Pero nosotros 

llevamos tu sangre,

con ella tu revolución

robada, asesinada, cortada, arrebatada.

Tu revolución jamás

escuchada, la grito

hoy.

Llevamos tu sangre,

con ella tu revolución.

Te lo prometo. 

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