12. El abuelo

Elisa Mata Pintos

 

Todavía recuerdo cuando el abuelo mató el último olivo. Le asestó un golpe con su hacha y el arbolito cayó con un sonoro crujido sobre la tierra reseca. El abuelo dijo que ya estaba cansado de que el cabrón no le diera ni una puta aceituna. Esas fueron sus palabras exactas. Lo cierto es que el abuelo siempre habló muy mal, por eso la abuela renegaba tanto.

Nosotros le habíamos visto plantar ese olivo con sus propias manos. Se lo regalamos por su septuagésimo cumpleaños, y al principio pareció que le gustaba. De hecho, se ilusionó tanto que empezó a cultivar olivos, y en menos de un año ya tenía un buen olivar. Fue sorprendente lo rápido que le crecieron.

Pero el abuelo siempre fue un poco tacaño, y para no pagar agua se le ocurrió extraerla del pozo del vecino. Este se enteró y lo acusó de ladrón. Por eso el abuelo lo mató y lo enterró en el olivar. Entonces los árboles comenzaron a morir, como si algo los estuviera envenenando. Quizás fue una venganza del tipo por haberle robado la vida. O puede que simplemente a los olivos no les gustase el cambio de abono.

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