118. Silencio

Natividad Villar Martínez

 

¡Silencio! ¡No te muevas! Arrúllate en la fuerza de tu tronco retorcido, saborea los últimos rayos de sol que se esconden en el horizonte, juega con el viento cálido que cimbrea tus ramas, acoge el aleteo de las aves que anidan en tu copa y sueña con la libertad de un cielo que te cubre.
Cada tarde, Oliver corre sin reservas, el miedo le empuja, busca su abrazo, amortiguar los insultos que como ecos le persiguen, sueña con la firmeza de su figura, persigue luchar contra tormentas con la autoridad de quién se siente agarrado a la tierra. Hoy, lo tiene claro, mañana no volverá a su aula, mucho menos a su patio. Hoy sentirá el anochecer y esperará el amanecer, sus ganas harán de él un majestuoso olivo, echará raíces seguras, frutos de esencia dorada, dará cobijo y sombra, será único en el valle, el más verde, el más hermoso.
¡Silencio! ¡Todo ha pasado! Se acabaron los insultos, los empujones, los desafíos a la salida ¡No te encontrarán! ¡Hasta la eternidad!

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