107. Lo que se aprende

El forastero

 

La maestra escribió en la pizarra la consigna del Día del Abuelo: Traed algo que os haya enseñado vuestro abuelo.

Los niños fueron pasando. Una trajo un pañuelo bordado. Otro, una copla que cantó entero y desafinado. Otro, un nudo marinero que no supo deshacer.

Martín esperó al final. Puso sobre la mesa un frasco de aceitunas y lo giró para que se viera bien.

—Las aliñé yo —dijo—. Casi solo. El abuelo me decía cuánto tomillo, cuánta sal. Este año me equivoqué con el agua y quedaron un poco amargas.

La maestra miró el frasco. Estaba cerrado de cualquier manera, con la tapa torcida y el líquido turbio, unas olivas flotando y otras no.

—El año que viene me van a salir mejor —dijo Martín—. Me lo dejó todo apuntado en un papel, por si acaso.

Por si acaso.

La maestra tomó el frasco con las dos manos, como se toma algo que puede romperse, y tardó un momento en encontrar la voz.

—Cuéntanos qué decía el papel.

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