104. El sabor del paisaje

L:.O:.J:.

 

Durante años fue quien probaba el primer aceite de cada cosecha en almazara de Tipaume. Distinguía una helada tardía o una lluvia fuera de temporada con apenas una gota sobre la lengua. Cuando perdió la vista, y poco después la fábrica cerró sus puertas, nadie volvió a pedirle que probara un aceite.

Décadas después, el museo levantado entre aquellas mismas piedras organizó una degustación. El viejo pasó inadvertido hasta que alguien le acercó un pequeño vaso azul. Lo sostuvo unos segundos entre las manos y apenas humedeció los labios. No habló del amargor ni del frutado; solo preguntó si la vertiente seguía alimentando el olivo grande.

Nadie entendió la pregunta, solo él reconoció el paisaje en aquel aceite.

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