22. Verde roto

Patricia Sánchez Ramos

En la almazara nadie le explicaba a qué sabía el aceite. A Juan le bastaba el oído.

Trabajaba entre prensas como quien palpa las entrañas de un animal vivo. Decía que cada aceituna ejercía una resistencia distinta, una voluntad ciega antes de rendirse. “Escuchad”, repetía, mientras los demás calculaban rendimientos. Ellos oían motores; él, el crujido exacto en que la materia deja de fingir que es intacta.

Una tarde exigieron su veredicto. El aire apestaba a verde roto. Las prensas rugieron, presionaron y el estruendo mutó en quejido.

—Ahora —dijo.

Al abrir el grifo, el aceite no cayó. Golpeó.

La verdad sonó al romperse.

MásQueCuentos
Resumen de privacidad

Usamos cookies en nuestra página web para ver cómo interactúas con ella. Al aceptarlas, estás de acuerdo con nuestro uso de dichas cookies. Ver políticas de privacidad