4. Alicia en el olivar de las maravillas

Laura Pérez Martínez

 

Alicia caminaba entre hileras infinitas de olivos plateados cuando vio pasar al Conejo Blanco con un pequeño frasco verde entre las patas.

-Llego tarde, tardísimo, a la espera del aceite!- gritó, desaparaciendo entre los arboles.

Curiosa, Alicia lo siguió y cayó por un túnel perumado de hierba fresca y tomate verde aterrizando sobre sacos de aceituna recién cosechada.

Ante ella apreció un mundo extraordinario.

El sombrerero loco, la liebre de marzo y el lirón celebraban una merienda interminable. No había té sobre la mesa brillaban copas azules de cata y pan crujiente bañado en aceite.

-Este aceite sabe a campo- dijo el sombrerero.

-Y a recuerdos_ susurró el lirón.

El gato de Chishire sonrió desde un árbol centenario.

-Aquí todos los caminos llevan al aceite.

Alicia atravesó olivares donde las cartas jardineras podaban árboles y encontró a ala Oruga Azul sentada sobre una gran tinaja.

– ¿ Quién eres? – preguntó.

-Alguien que aprende viajando- respondió Alicia.

Cuando despertó bajo un olivo, sostenía una pequeña botella dorada. Comprendió entonces que algunos viajes permanecen en los aromas, la tierra y las emociones y supo que aquel lugar extraordinario viviría gota a gota, dentro de su corazon.

 

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