436. Conservando recuerdos

Lola Madero Calmaestra

 

Un día descubrí que la vida se me iba olvidando. Mi historia de niña comenzaba a borrarse no recordando cuando fui feliz.

Preocupada visité a mi abuela. Ella tenía el poder de conservar los recuerdos. Atesoró nuestra vida envolviéndola en aceite, protegiéndola de los años, del deterioro y el olvido.

Me abrazó sin preguntar. Me llevó a su alacena llena de frascos con cada momento vivido. Todo bañado por el verde y sagrado óleo de nuestros olivos.

Sonriendo me devolvió a la memoria las tardes de verano jugando en la calle, las caídas montando en bicicleta, las heridas sanadas con su ungüento de aceite. Me entregó el sabor de las comidas los domingos, todos juntos, a la sombra en el patio, probando el primer zumo prensando de nuestras aceitunas con su pan recién hecho.

Con cuidado me ofreció mi recuerdo favorito, su tarta de chocolate con mermelada de aceite. Inolvidables cumpleaños soplando las velas con la felicidad ilusoria de cumplir otro año más.

Emocionada ha sostenido el frasco donde el aceite baña un tiempo triste, la muerte del abuelo, el primer día de cosecha, hace demasiados años.

Hoy he recuperado mi vida gracias a los recuerdos eternos de mi abuela.

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