434. Almazara

Neus Monllor Rico

 

Ella no sabía qué era una almazara. Le recordó a la frase de su abuela: «Solo Dios tiene el alma llena de amor».

El día que lo explicaron en clase, tuvo que cuidar de su hermano pequeño y quedarse en casa. Cuando llegó la excursión, ella y toda su fantasía amanecieron preparadas camino del colegio.

—Abuela, he estado en el templo de Dios. Los techos eran de madera y unas piedras enormes me miraban mientras daban vueltas sin parar. La luz era como tú siempre cuentas. De las aceitunas sale un líquido que parece oro. Nos ha dicho el molinero que cada gota es un milagro.

Los ojos de la anciana se humedecieron recordando sus largos días en el campo sin poder ir a la escuela. Frío y cansancio en aquella eterna hambruna de posguerra.

—¿Por qué lloras?

—Porque la tierra me habla y me cuenta cuán contenta está de tu visita a uno de sus templos.

—¿Cuándo eras pequeña también te hablaba?

—Claro.

—El molinero nos ha dicho que la tierra es sagrada y yo he escuchado a Zara.

—Ella también tiene el alma llena de amor.

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