406. Memoria y tiempo

Miguel Bécares

 

A sus cuarenta y seis años, Robert Bruce Grayson, artista escocés, figura destacada del Brit Art, desapareció tras recibir y recoger su último y más prestigioso premio en la Tate Gallery de Londres. En la fiesta que siguió a la entrega de los premios, conversó alegre, irónico y divertido con la prensa, la crítica, los amigos… así aparece en las fotografías que se publicaron del evento. Abandonó la fiesta tarde. Después, no sé supo más de él. Su galerista, al no localizarlo en los días posteriores, dio parte a la policía, que investigó y siguió su pista hasta París, donde su rastro se perdió.

Lo encontró, años después, en España, la Guardia Civil. Residía en un pueblo de Jaén, enamorado del paisaje, –sublime y eterno, decía–, que dibujan  los olivares que se extienden por  valles y cerros. Entre los olivos, había encontrado ese hechizo creativo que creyó perdido, hechizo con el que había creado cientos de obras desde que llegó

No quería que nadie, en Londres, Nueva York o cualquier centro de arte, supiera donde estaba, comentó a los guardias. Quería vivir y seguir creando entre los amigos que había hecho en el pueblo, para quienes era, sencillamente, Roberto.

 

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