399. El caso Redondela

Manuela Gómez García

 

Sabe el lector, porque el mundo está lleno de hombres sabios, que el aceite de oliva flota sobre el agua por una razón matemática que nadie se ha atrevido a discutir desde que el primer olivo dio su primer fruto en la faz de la tierra; pero lo que no resulta tan sabido es que esa misma ley sirvió para que en los depósitos de Redondela se obrare el milagro, no de multiplicar los panes y los peces, sino de hacer desaparecer cuatro millones de kilos de aceite sin que nadie dijera esta boca es mía, pues los inspectores del gobierno, venidos de la capital con sus carpetas bajo el brazo metieron la vara por arriba y vieron que allí había aceite, olía a aceite y brillaba como el aceite, de modo que firmaron los papeles sin reparar en que más abajo, allí donde la vista no alcanza, los pillos del consejo de administración habían llenado las cubas con simple agua del grifo, demostrando así que para engañar a toda una nación basta con una película de tres centímetros de virtud flotando sobre un mar de engaños.

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