Bajo la sombra del olivo mi abuelo exprimía una aceituna. «Este oro líquido es medicina pura», me decía. 
Mis recuerdos tienen el color verde limón del aceite fresco. Recuerdos del otoño y de las aceitunas caer sobre las mantas tendidas en el suelo como una lluvia de perlas negras. Después el milagro en la almazara de piedra, recuerdo el aroma de hierba cortada y a tierra mojada, que inundaba el aire cuando las piedras aplastaban las aceitunas y aparecía el aceite. El aceite de oliva, sabor a sol que el olivo había atrapado durante meses, transformado en pura vida. Recuerdo el sabor amargo y picante, con un olor a fresco y limpio. El aceite elemento de unión en la cocina, conductor del sabor, ofrece armonía. El aceite es densidad, suavidad y vida. 
Recuerdo cuándo decía mi abuelo que se sentía como un acebuche, el abuelo salvaje de todos los olivos. Un árbol en estado puro y libre. Con aceitunas pequeñas y duras. Pero como el decía no había que dejarse engañar por apariencias, su aceite era pura medicina.
Hoy sentada bajo la sombra del olivo recuerdo con cariño a mi abuelo y vuelvo a sentir el aroma a tomatera fresca.