385. Cuando los abetos eran olivos

M Carmen Martínez García

 

Todo estaba listo, esa misma noche llegaban los niños y la casa tenía que estar adornada para mantener la ilusión de Navidad. Casi sin tiempo, pude conseguir un árbol, que aunque artificial, llené de espumillón y pequeños adornos para compensar un poco su pobreza. Mientras lo miraba, los recuerdos de la infancia se agolpaban:

… todo estaba preparado. Con sueño y restregándonos los ojos, subíamos emocionados en aquel remolque rojo. Eso sí que era despertarse!!! Agarrados con fuerza y saltando por los baches y las piedras del camino.

Y en el Olivar comenzaban las sorpresas: ¡mirad, el olivo tiene caramelos! La alegría se apoderaba de nosotros, éramos plenamente felices. Entre risas, juegos y alguna competición pasábamos el día. Terminábamos intercambiando nuestra pequeña recolección de aceitunas por abrazos, achuchones, caramelos…

La ilusión de nuestra infancia se cuajaba entre olivares y aceitunas…

Me apresuré a quitar ese arbolito de la sala y sonó el timbre. En el abrazo a los niños supe que merecían tener esta experiencia. A la mañana siguiente volvimos a aquel campo y disfrutamos de la magia de unas ramas repletas de caramelos y aceitunas, de un olivo que eligió no ser abeto.

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