378. Gilda

Princesa Malaya

 

El camarero ensartó una aceituna, una piparra y una anchoa. Antes de servirla, dejó caer encima un hilo de aceite.
—¿Por qué Gilda? —pregunté mientras daba el primer sorbo de mi Alcázar.
—Nació cuando estrenaban la película de Rita Hayworth. Salada picante y con mucho caracter, como ella.
La probé.
Primero llegó el picante, después el mar y, al final, la aceituna.
El aceite lo abrazó todo.
Desde entonces, cada vez que pido una Gilda, una pequeña Rita Hayworth se desnuda en un palillo: la piparra se estira, la anchoa brilla y la aceituna guarda, redonda y verde, todo el secreto: lo más sencillo puede dejar una huella imborrable.

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