340. El hogar de Antón

Yon Mayo

 

Desde mi ventana, escucho a Antón. Con la llegada de la noche, su ulular es inconfundible. Quizás hoy, más melancólico que otras noches. Nuestro mochuelo sabe que el abuelo se ha ido.  Su familia lleva años buscando calor y cariño entre las ramas del viejo olivo. Camuflándose del frío y del viento y encontrando siempre un hogar al que volver. Me acerco despacio. Antón calla. Al abuelo le hablaba. Conmigo es un poco más tímido.

Cuántos recuerdos vividos bajo esta sombra. Desde enero hasta diciembre, cosecha tras cosecha, hemos descansado a tus pies y nos has alimentado con tu sangre dorada. Qué orgulloso estaría el abuelo si te viera ahora. Él que te dio lecho en la tierra húmeda y conversación infinita. Creciste como un hijo más. Hijo que crecía fuerte mientras él, año a año, iba menguando. Qué herencia maravillosa estar a tu cuidado.

Hoy, que el abuelo ya no está, nos reunimos bajo tu sombra buscando encontrar el mismo amparo que Antón entre tus ramas. Antes de volver a la cama, escucho el sonido de Antón. Quizás un día él y yo también podamos hablar.

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