339. Al pie de los Olivos

Luis Romero de Ávila Prieto

 

Los ojos de la gloria se han detenido en los olivos de Jaén. Hoy el sol filtra sus rayos entre las ramas como luz de esperanza.

Jesús quiere encontrar la razón por la que sus discípulos se durmieron aquella noche en Jerusalén. Pero habita en otra plegaria y camina hasta la paz de esta bendita tierra.

«Padre, si es posible, aparta de mí este cáliz de amargura.»

Hoy Jaén le ofrece su abrazo. Son los nuevos discípulos del mundo, gente fiel, eternos trabajadores de andaluces.

El óleo sagrado de los olivos se multiplica, se convierte en cascada de luz dorada por los vidrios del cielo.

El mundo ha comprendido que el Hijo de Dios se encuentra en Jaén, donde los sueños aparecen en el verde de las hojas y sobre el espíritu divino de la aceituna, inventando caminos nuevos e ilusiones de amor.

La historia se reescribe y todos quieren quedarse con Jesús, que hoy, abuelo en esta tierra, sigue orando al pie de los olivos de Jaén.

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