326. Aceite de Castilla

Fernando Saiz Cerreda

 

Se habían tenido que instalar en la casa del pueblo porque no les daba para un alquiler. Así que compraron unas estufas para soportar el invierno. Habían heredado también una pequeña huerta y tras preparar la tierra durante el verano, plantaron lechugas, tomates, cebollas, patatas y algunos calabacines cuando bajó el calor.

¡Qué alegría cuando pudo preparar su primera ensalada con lo suyo! Entonces le vino la idea y le pareció todo un reto allí, en plena Castilla, rodeada de campos de cereal y cercada de ciruelos, perales y manzanos; pero ¿por qué no?

Se informó bien. Y antes de que llegara la primavera ya había plantado una decena de olivos picuales en lo que fuera el jardín. Le dijeron que probablemente no habría cosecha hasta el segundo o tercer año, sin embargo, al otro invierno, ya recogió los primeros kilos de aceitunas: primero las verdes, en noviembre, para completar la ensalada; y en febrero las negras, para elaborar el aceite.

Se hizo con una trituradora eléctrica, una pequeña prensa hidráulica y un decantador manual, y ella sola realizó todo el proceso. Le salieron unos diez litros, y en la garrafa, con un rotulador, escribió con orgullo: «Aceite de Castilla».

MásQueCuentos
Resumen de privacidad

Usamos cookies en nuestra página web para ver cómo interactúas con ella. Al aceptarlas, estás de acuerdo con nuestro uso de dichas cookies. Ver políticas de privacidad