325. El secreto del oro verde del Nilo
El abrupto trayecto en autocar que las llevó del concurrido aeropuerto del Cairo al hotel permitió a Isabel y Paqui hacerse una idea de cómo era la ciudad en la que pasarían los próximos tres días. Caótica y excesivamente ruidosa, las tenía absolutamente sorprendidas y un poco atemorizadas. Tras infinitas aceleraciones y rudos frenazos, al fin el autocar llegó al Marriott donde se alojarían las siguientes noches. En el interior, lujosos turbantes y sobrios burkas llenaban la gigantesca recepción con más de una decena de atareados recepcionistas. Un botones las acompañó hasta un pasillo abierto a la ciudad, que daba acceso a las habitaciones de la planta baja de una de las dos torres que componían el hotel. Allí, un militar armado custodiaba la puerta de entrada a su habitación, acrecentando aún más la sensación de inseguridad que las tenía prácticamente dominadas desde que aterrizaron en el sofocante país de los faraones. Dentro de la lujosa habitación, el cadáver de una langosta egipcia de casi siete centímetros yacía sobre la colcha de resbaladizo satén morado que cubría una de las dos gigantescas camas. Tras informar a recepción, con cierta dificultad en el idioma, recibieron a un edéntulo limpiador con cara de pocos amigos que se deshizo del difunto insecto y cambió las mancilladas sábanas. Además, fueron obsequiadas a modo de compensación con una cena a cargo del hotel en uno de sus catorce restaurantes esa misma noche. Algo desmotivadas, escogieron el Ristorante Tuscany, al parecerles menos arriesgado que las otras opciones. ¡Ya estaba bien de emociones por un día! Un poco de pizza o pasta les bastaba para cerrar la fatigante jornada.
El lugar era cálido y acogedor. La envolvente y tenue luz las sumió en una relajante atmósfera nada más entrar. Había un aroma absolutamente embriagador a pan recién horneado y, por un instante, creyeron estar el obrador de su pueblo jienense, esperando una hogaza acabada de hacer. Se descubrieron añorando los océanos aceitunados de su Sierra Magina y el olor a oliva prensada flotando en el ambiente. Y entonces, fue como si el metre las leyera el pensamiento. De la nada, apareció un grácil y servicial camarero portando una bandeja con diminutos vasos de cristal. El contenido: el preciado oro verde líquido que tan bien conocían. El camarero dispuso los vasos muy ordenadamente sobre la mesa cubierta con un lechoso mantel de hilo y les explicó en un rudimentario castellano cómo debían proceder. ¡Al fin una campanada alegre en ese turbio día!
Se dispusieron a deleitarse con la exquisita degustación oleica que les había sido obsequiada tras su desafortunada llegada al hotel. Junto a cada vaso, un panecillo exhalando aún calor de su reciente horneado era el acompañamiento perfecto para cada uno de los aceites en la inesperada cata de bienvenida del restaurante. Se trataba, según entendieron, de una pequeña muestra de los mejores óleos de la toscana región de Chianti. Con ella, el equipo al mando del restaurante pretendía abrir su apetito antes de la suculenta cena que vendría después.
Procedieron a deleitarse con el áureo líquido y los recuerdos brotaron en cascada inmediatamente a través de sus expertos paladares. ¡Cuánto se parecía la suave textura del primero al oliva virgen que se prensaba en frío en la almazara que fundó su abuelo! De frutado perfecto, un ligero amargor recorría sus papilas para acabar en un picante ardor deslizándose por sus gargantas. Por supuesto, siguieron sus propias reglas, haciendo caso omiso a las indicaciones de untar el pan en el soleado líquido. Y así, giraron, olieron y probaron el contenido de cada vaso uno a uno. Pidieron al solícito camarero un par de muestras más del primer aceite que tanto les había gustado. Cada sorbo parecía transportarlas a su arcillosa tierra, muy lejos de la orilla del Nilo en la que se encontraban. Quisieron saber más sobre el maravilloso aceite y pidieron al metre el nombre de aquella excepcional joya italiana. El jefe de sala les aseguró que les obsequiaría con una botella y que, para su comodidad, un botones la dejaría en su habitación y estaría allí para cuando se retiraran a descansar.
Disfrutaron de unos deliciosos spaguetti alle vongole y un mantecoso risotto, regados con un seco y ferroso tinto italiano. Un copioso surtido de postres coronó la cena antes de encaminarse hacia su habitación. El militar que custodiaba la puerta las observó con disimulo a través del rabillo del ojo mientras entraban. Y allí estaba. Una botella de medio litro en vidrio ámbar con una lazada granate en el cuello ocupaba el centro del escritorio próximo a la terraza. Junto a ella, una nota de agradecimiento les brindaba la oportunidad de repetir la experiencia en el restaurante italiano siempre que quisieran.
¡Era extraordinario el parecido de la botella con las que ellas utilizaban en su cooperativa olivarera! Al menos, vista con un poco de distancia. Curiosas, se dispusieron a leer la etiqueta del producto para conocer un poco más sobre su procedencia. Con un molino dorado en su frontal, aquel virgen extra extraído en frío, no acababa de especificar datos sobre su origen o fecha de recolección. El etiquetado no era únicamente poco concreto y falto de información, sino que carecía de cuidado en su adhesión a la botella. Tal vez, debido a lo artesanal del proceso, pensaron, hasta que…Al observar con detenimiento la arrugada etiqueta descubrieron que estaba superpuesta a otra de menor tamaño. Esperando hallar todos los requisitos legales que sabían, debían constar para la distribución del producto, levantaron meticulosamente la etiqueta superior para descubrir que… ¡era de una de sus botellas!
Allí estaba, la torre de piedra en colores tierra con la silueta de un olivo en tonos dorados en el centro, los datos fiscales y dirección de la almazara, su denominación de origen, …se trataba de su preciado “Secreto de Jódar”. Era para ellas la joya de la corona. Por eso habían decidido presentarlo a concurso en un par de años, con la seguridad de que lograrían una gran puntuación en la EVOOLEUM TOP 20. Soñaban con que su aceite llegara a estar presente en las más prestigiosas cocinas del mundo. Al parecer, sin saber cómo, su apreciado oro líquido había cogido un inesperado atajo y había hecho parada en aquel hotel egipcio. Ahora les tocaría descubrir cómo había acabado una de sus botellas en aquel restaurante del Cairo, suponiendo que fuera la única.
Indignadas, se tomaron el tiempo necesario para escribir un detallado e-mail explicando lo ocurrido a la dirección del hotel, y dejando clara constancia de su descontento al respecto. Informaban a su vez, de su intención a cualquier precio de descubrir y tomar las medidas legales necesarias respecto a aquel asunto. La respuesta expresando sus disculpas por parte de la dirección fue inmediata. Además, se las informó de que a la mañana siguiente el gerente las recogería en su habitación para acompañarlas a una reunión con el equipo directivo del prestigioso hotel. Por supuesto, el director y chef del Tuscany, que sería el encargado de preparar el desayuno para dicho encuentro, también estarían allí.
Muy puntual, a las 8:00 el gerente llamó a la custodiada puerta de su habitación y con su mejor sonrisa, se presentó y las guio a través de marmóreos pasillos y lujosas estancias hasta una colosal sala de reuniones, presidida por una infinita mesa de brillante caoba. Acomodados en sillas ejecutivas de respaldo alto y capitoné de color verde inglés, podía verse a todo el elenco de peces gordos implicados en la turbulenta trama. Aunque alguien no encajaba allí. Con una indumentaria de aspecto mucho más informal, en comparación con los carísimos trajes de sastrería que lucía el resto de asistentes a la reunión, un joven de cabello castaño y rizado fue presentado simplemente como Javier, el nuevo lavaplatos del restaurante italiano. Tras una infinita disculpa por parte del director del hotel, fue introducido otorgándole el privilegio y responsabilidad de ser el narrador de los hechos, que al parecer habían sido esclarecidos durante la provechosa noche anterior.
– Bueno’ día’. Ante todo, quiero pediro’ perdón por todo este embrollo. – dijo Javier dirigiéndose a Isabel y Paqui, en un castellano con un fuerte deje andaluz, aspirando cada ese en su breve disculpa.
– Yo sólo quería ayudá a mi compañera. Un fallo lo tiene cualquiera y e’ una persona muy e’pecial para mí. – prosiguió, mirándolas con ojos brillantes y llenos de verdad.
Las dos hermanas escucharon atentamente al joven, que resultó ser natural de Huelma y había llegado a Egipto buscando aventuras antes de ponerse al frente del negocio familiar. Destinado a dirigir la fábrica de muebles de pino macizo de Soria fundada por sus padres, había encontrado trabajo en el restaurante hacía un par de meses. Para su sorpresa, lejos de su tierra de olivos y senderos de romero, se había enamorado de Aisha, la encargada de compras del Tuscany, que había sido despedida aquella misma mañana a primera hora. Aisha, olvidó hacer el encargo de aceite Toscano aquella semana, y sin existencias en el almacén para uno de ellos, decidió aceptar la ayuda de su amado y proceder al “cambiazo” por un aceite de producción jienense.
– Yo siempre llevo una o do’ botellita’ conmigo en la maleta. E’ el mejor aceite del mundo. – explicó Javier, y prosiguió con la explicación de la elaborada trama de impresión y adhesión de la falsa etiqueta. Un plan perfecto que no haría daño a nadie y salvaría a Aisha de, muy probablemente, perder su trabajo. ¿Quién habría podido suponer que justo aquella noche las catadoras serían ellas dos?
Emocionadas por las apasionadas palabras de Javier al hablar de su amada, y convencidas de que sus disculpas eran absolutamente sinceras, pidieron la readmisión de Aisha al director del restaurante. Y para asegurarse de ello, presionaron asegurando que sólo así olvidarían el asunto y no tomarían acciones legales por fraude.
Los siguientes dos días transcurrieron como la seda para ellas en el Cairo, y tras haberse realizado, por una extrañísima y sorprendente vía, el sueño familiar de ver su aceite servirse en una deliciosa cata en un restaurante de lujo, regresaron a casa dispuestas a presentar su virgen extra al EVOOLEUM TOP 20 ese mismo año.
Cuando recibieron el primer puesto de la prestigiosa guía internacional, Javier y Aisha fueron los primeros en felicitarlas.