322. El olivar

María Carmen García Jaén

 

¡Aceituneros de Jaén! Recitaba mientras veía el dorado del atardecer entre los olivos plateados; pronto repondría fuerzas, como no; con pan, aceite y sal. En ese momento se retiraban las últimas visitas de turistas interesados en el oro líquido de sus tierras. Estas eran su orgullo, su vida y su legado. Venían gentes de todo el mundo hasta allí, incluso alguna boda de japoneses hubo. Toda una celebración de la cosecha de la aceituna que brindaría un buen aceite en la almazara. Sus recuerdos siempre ligados a sus campos de aceituna; allí conoció vareando de chaval a la que hoy es su esposa por más de cincuenta años; allí empezó a cosechar aceituna, a amar sus tierras y conocer la importancia de mantener generación tras generación aquellos amados campos. Allí nacieron sus hijos que continuarán su trabajo, con las nuevas tecnologías y la invención del oleoturismo.

Sus tierras eran trabajo pero también su sueño hecho realidad, algo que juraría a sus hijos y descendintes que nunca podría perderse.

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