315. El olivo de los recuerdos

Ave Fénix

 

Le contemplo. Majestuoso, imponente…ese olivo que ha sido el testigo de tanta vida conocida y desconocida por mí. Él ya estaba cuando llegué y seguro que seguirá mucho después de que yo desaparezca.

Cuando compré esta parcela ya estaba allí, y junto a él construí mi hogar. Y, sin darme cuenta, pasó a ser parte relevante de él.

Mientras se construían los cimientos de mi nueva casa, me sentaba apoyada en su tronco a descansar junto a Ciclón, mi amigo más fiel, mi perro, a ver el avance de las obras. Arropada por sus hojas anhelaba sueños imposibles.

Pasó a ser el rincón favorito de Ciclón, donde dormitaba en las calurosas tardes de verano y me acompañaba en mis lecturas vespertinas.

Cuando él faltó, no pude más que homenajearle enterrándole bajo su manto. Y cada vez que le veía recordaba esos momentos y una tenue sonrisa se cernía en mi rostro.

Y un día, lo entendí, lo vi claro.

La vida son momentos, historias, recuerdos…y en la mía no puede existir uno que me dé más sensación de paz y tranquilidad que ese árbol que desde el primer momento se convirtió en parte de mi familia.

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